Hay lugares del mundo donde la historia no se lee: se respira.
Y uno de esos lugares es la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.
Entre mármoles antiguos, columnas infinitas y silencios que parecen oración, existe una placa que muchos pasan de largo… pero que para un croata , y para todo descendiente croata, puede significar una emoción difícil de explicar.
Porque esa placa nos nombra.
Habla de Croacia.
Habla de nuestros antepasados.
Habla de una memoria que, aunque el tiempo haya querido dispersar por el mundo, sigue siendo una sola.
Dentro de la Basílica, esta inscripción en latín recuerda un hecho enorme:
la evangelización de los croatas
y el lazo histórico entre Croacia y la Santa Sede.
Una de sus frases centrales dice:
IN MEMORIAM EVANGELIZATIONIS CROATORVM
PRIMAE APVD SLAVORVM GENTES
y se traduce como:
“En memoria de la evangelización de los croatas, los primeros entre los pueblos eslavos.”
Esa frase es más que una afirmación religiosa: es un reconocimiento histórico, una marca profunda que indica que el pueblo croata fue uno de los primeros pueblos eslavos en recibir la fe cristiana y ser reconocido por Roma.
En pocas palabras: Croacia fue vista, fue nombrada, fue recordada.
La placa también menciona episodios decisivos que fortalecieron la relación entre Croacia y el Vaticano.
Se recuerda, por ejemplo:
- al Papa Juan IV, que alrededor del año 641 envió al abad Martín (Abb. Martinus) hacia las tierras croatas, en tiempos de grandes movimientos y peligros.
- al Papa Juan VIII, quien bendijo al duque Branimir, confirmando su liderazgo y legitimando el camino cristiano del pueblo croata.
Y más adelante, se evocan otros hitos: confirmaciones reales, actos de coronación, celebraciones religiosas en lengua croata y la permanencia de esa historia hasta nuestros días
No es un detalle menor: Croacia, tantas veces frontera, tantas veces defendiendo su identidad y su lengua, estuvo siempre ligada a Roma en un vínculo que atravesó los siglos.
¿Por qué esta placa emociona tanto a los croatas en Argentina?
Porque no solo habla de nuestros orígenes, sino que también fue afirmada, en tiempos recientes, por un papa que nació en esta misma tierra.
Además, para muchos de nosotros, Croacia fue primero un relato en la mesa familiar:
una abuela que rezaba en voz baja,
un apellido difícil de pronunciar en la escuela,
una canción antigua,
una palabra croata que sobrevivió al océano.
Luego llegó la migración, el trabajo, la adaptación, el desarraigo.
Y aun así, la identidad permaneció.
Por eso, ver que en el lugar más simbólico del cristianismo occidental existe una placa dedicada a los croatas, nos revela algo poderoso:
- que no somos una historia pequeña
- que nuestros antepasados no fueron invisibles
- que Croacia dejó huella en los grandes escenarios del mundo
- que la memoria puede ser piedra, y la piedra puede ser hogar
En un tiempo en que tanto se pierde y tanto se olvida, esta placa actúa como una certeza:
…hay una parte de nosotros que siempre estuvo escrita.
A veces el mundo moderno nos enseña a correr, a mirar rápido, a pasar de largo.
Pero la memoria no se construye así.
La memoria se construye deteniéndose.
Volviendo.
Mirando con el corazón.
Y esta placa, en el centro de San Pedro, es precisamente eso:
un recordatorio de que, aunque seamos diáspora, aunque estemos lejos, aunque estemos en Argentina, Chile, Australia, Canadá o donde sea, Croacia sigue allí, latiendo en la historia, y también en nosotros.
Si alguna vez visitaste el Vaticano, y viste esta placa, o si soñás con verla, te invitamos a compartir:
fotos
relatos personales
recuerdos familiares que se activen con esta historia
Porque la evangelización de un pueblo no es solo un hecho religioso.
Es identidad.
Es raíz.
Es memoria transmitida.
Y en cada descendiente croata, esa historia sigue caminando.
