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El Palacio de Diocleciano: una ciudad dentro de un palacio

En Split, Croacia, se levanta uno de los monumentos más sorprendentes del mundo romano: el Palacio de Diocleciano. Lo que lo hace verdaderamente imponente hoy es que, más de 1.700 años después de su construcción, sigue habitado. Dentro de sus murallas todavía funcionan casas, cafés, hoteles, comercios y hasta la catedral de la ciudad. No es un museo ni una ruina, es el corazón vivo de Split.

El palacio fue concebido como una mezcla de residencia imperial y fortaleza militar. Allí se retiró el emperador Diocleciano en el año 305 d.C., convirtiéndose en el único emperador romano que abdicó voluntariamente. Pasó sus últimos años lejos del poder, cultivando coles en sus jardines.

Su mausoleo personal fue transformado siglos después en la Catedral de San Duje, patrono de Split, un giro histórico irónico si se recuerda que Diocleciano había perseguido a los cristianos. Con la caída del Imperio Romano, los habitantes de la región se refugiaron dentro de las murallas y construyeron allí sus viviendas e iglesias. Así nació una ciudad que hasta hoy respira entre columnas romanas y pasadizos imperiales.

A lo largo de los siglos, distintas civilizaciones dejaron su huella en el palacio. Tras los romanos, llegó la presencia bizantina, que lo mantuvo como enclave estratégico. En el siglo VII, los refugiados de la cercana Salona lo ocuparon tras las invasiones de eslavos y ávaros. Con el tiempo, los croatas lo convirtieron en el núcleo de su ciudad medieval. Más tarde, el dominio veneciano dejó su marca con construcciones góticas y renacentistas. En el siglo XIX, pasó a manos del Imperio Austrohúngaro, y en el siglo XX formó parte de diferentes estados del sudeste europeo, hasta quedar finalmente en la Croacia independiente.

El Palacio de Diocleciano guarda además otros hitos. Sus sótanos fueron escenario de la serie Juego de Tronos, representando las mazmorras de Daenerys en Meereen. Desde 1979, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y está considerado uno de los complejos romanos mejor conservados del mundo.

El dedo brillante de Grgur Ninski

En Split, frente a las murallas del Palacio de Diocleciano, se encuentra una de las estatuas más emblemáticas de Croacia: Grgur Ninski, obra del famoso escultor Ivan Meštrović.

Grgur Ninski fue un obispo del siglo X que pasó a la historia por defender que las misas se celebraran en croata en lugar de latín. En una época en la que el latín era la lengua oficial de la Iglesia, su postura fue un acto de resistencia cultural y un símbolo de identidad nacional. Por eso, hasta hoy, es recordado como un defensor del pueblo croata y de su lengua.

Más allá de su importancia histórica, lo que más llama la atención a locales y turistas es un detalle muy particular de la estatua: su dedo del pie derecho brilla de un color diferente al resto. ¿La razón? Existe una tradición que dice que tocar ese dedo trae suerte, salud y la promesa de regresar algún día a Split. Miles de visitantes lo hacen cada año, dejando el bronce liso y brillante, casi dorado, en contraste con el resto de la escultura.

Lo que empezó como un gesto simbólico se transformó en una de las costumbres más pintorescas de la ciudad. Hoy, nadie se va de Split sin sacarse una foto tocando el famoso dedo de Grgur Ninski, uniendo historia, leyenda y un poco de superstición en un solo lugar.